© A Diary Of Life

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miércoles, 16 de abril de 2014

A Diary Of Life | Capítulo I | Joe&Tú



Capítulo 1
Brand New Day
|Reescrita|
“Un nuevo día. Sí, eso es lo que me espera. Hoy es el primer día de clases, dos años más y estaré fuera, para quizá, empezar una carrera universitaria, es un tema del cual aún no puedo hablar con plena seguridad. Tengo 16 años de edad. Se supone que debería empezar una nueva etapa de mi vida, aquella en la que se experimentan tantas mariposas en el estómago, que dan ganas de vomitar.  Sé que debería sentir emoción por algo nuevo, pero sencillamente no lo estoy. ¡Necesitaré suerte para mi nuevo día!”

Mi teléfono sonó, haciendo que alejara la mirada de mi diario, para posarla sobre el rectángulo electrónico que sonaba y vibraba a mi lado. “Sweet Child O’ Mine” tenía cómo tono, una de mis canciones favoritas de los Guns ‘N Roses.

Dejé a un lado el libro que reposaba en mis piernas y contesté. Sabía perfectamente quién era, no es como si tuviera una larga lista de contactos esperando su turno para poder llamarme.

—¡____! Hola. ¿Paso por ti o vienes por tu cuenta? —Preguntó Taylor Ford, al otro lado de la línea. Eramos mejores amigas desde hacía bastante tiempo.

—Hoy, estaré por mi cuenta. Necesitaré un poco de aire fresco para despejar la mente. Hora de la rutina. —Respondí con un suspiro. Odiaba repetir los mismo monótonos días de siempre, en una ciudad como aquella, no ocurría nada interesante, al menos, no a mí.

—Te veo allá entonces. Suerte. —Se despidió con un tono cálido. Cuando el pito de que la llamada había finalizado, dejé el teléfono donde había estado momentos antes y retomé el libro.

“Por más que odie mis propias palabras, mi rutina eventualmente volverá; Me levantaré y me recordaré a mí misma que sólo es otro día. Me vestiré con lo más apropiado que pasara por mi mente, bajaré a la cocina, vacía, y comeré algo ligero, estudiaré, regresaré a casa, haré los deberes y pasaré mi tiempo haciendo cualquier cosa hasta que la noche cayera de nuevo, y tuviera que dormir de nuevo.

Tengo a Taylor y eso me ayuda, incluso Jake, otro de mis mejores amigos. Han pasado seis meses desde el trágico suceso, pero aún no lo supero. No es algo de lo cual puedas salir fácilmente. Sólo necesitaba más tiempo… ¡Nuevo día, allá voy!”


Dejé el libro nuevamente a un lado, guardándolo en el cajón de mi mesita de noche derecha. Terminé de alistarse y bajé hacia la planta baja. Vivía con mis padres, pero después de aquel trágico día que marcó nuestra vida, ellos casi nunca están en casa, nada era igual.

Con un sentimiento de miseria, me preguntaba a cada momento que habría ocurrido si hubiera sido yo y no él, probablemente mis padres estarían más felices, casi lo podía asegurar. 

Salí de la casa y empecé a caminar con expresión ausente hacia el establecimiento. No era muy lejos, en realidad no me tomó más de quince minutos para llegar. Al estar parada en la esquina frente al gran edificio, tomé un largo suspiro y me di fuerza a sí misma. Susurré una oración a mi Ángel Guardián y avancé en paso lento. 

Al entrar por las puertas principales, vi como todos los presentes hablaban con entusiasmo entre ellos, contando sus aventuras de vacaciones. La excitación que llegaban a mostrar algunos parecía casi irreal. Bueno, se suponía que la época estudiantil era bastante importante, para disfrutar, ser egoísta y cometer errores, caerse para luego levantarse. Pero yo había olvidado cómo era eso, caí, pero no supe cómo levantarme, cometí un error y sería recriminada por ello siempre, no sólo por mis padres, sino también por mí misma, no podía ser egoísta porque ya tenía demasiados cargos de conciencia y sentimientos acumulados como para agregar algo más a la lista, y por último: Disfrutar. Si me preguntaran cómo definiría tan simple acción, sería seguro que no sabría, había olvidado por completo que era aquello, sonreír con naturalidad y regocijarse de las pequeñas cosas de la vida.

Como era regla y tradición, el primer día debían ingresar al campo deportivo principal. Ubiqué una de las gradas en la parte superior y me senté solitariamente allí, hasta que alguien llegó con fuerza y me abrazó, no era necesario dar la vuelta para saber quién era.

—¡Hola! — Era Taylor, animada y con una hermosa sonrisa adornando sus labios. Yo, sin pensarlo dos veces, correspondí al cálido abrazo. 

—Hola, Taylor. Qué bueno verte, te extrañé. — Dije, con un poco de emoción en mi voz. Al soltarnos, ambas nos acomodamos para dar paso a lo que suponía ser un cómoda conversación.

—Yo también te extrañé, no sabes cuánto. En definitiva no quiero ir de nuevo de vacaciones con mi familia si no está tú incluida. —Observé con atención a mi amiga. Era tan entusiasta y optimista a la vida, que el estar con ella le resultaba bastante agradable, sentir verdadero y cálido afecto era como bálsamo para su heridas. 

—Eso espero, estuve demasiado aburrida, sola. —Intenté hacer una voz dramática y divertida, al menos era una señal. No me salió muy bien, pero había sido un intento. Taylor tomo mi mano derecha y me miró fijamente a los ojos. 

Las vacaciones no habían sido muy gratificantes, sé que ella quería permanecer a mi lado, no quería dejarme sola sabiendo el estado en el que me encontrara, pero había quedado sin salida. Las palabras que le había dicho la última vez antes de que se fuera aún resonaban en su mente: "Sigue con tu vida, no quiero que nadie se detenga por mí. Ya me siento lo suficientemente miserable." Eso había sido la semana previa al viaje. Intentó por todos los medio no irse, pero había sido imposible.

—¿Cómo has estado? No te veo desde tu cumpleaños. — Se habían enviado textos todos los días, y Taylor siempre estaba ahí constantemente, aunque fuera por medio de un aparto electrónico. 

—Supongo que bien. Nada ha cambiado mucho, me atrevería a decir que ha empeorado, pero no lo sé. —Mi tono cansado solo mostraba cuan desanimada estaba de todo aquello.

Como todos los años, nos dieron la bienvenida general, las mismas palabras y las mismas presentaciones. Empezaron a llamar lista para hacer los grupos de cursos, para mi tranquilidad, quedé con Taylor y muchos de mis compañeros de años anteriores. Generalmente, los grupos de los últimos años, no los cambiaban mucho. Cuando los salones fueron asignados, ambas tomamos los asientos de más atrás, como lo hacíamos todos lo años desde el primer grado.

A pesar de que todos pensaban que había superado todo aquello, que con el paso del tiempo estaría bien y saldría adelante, cada segundo de mi vida, me la pasaba sumida en la tristeza y en la culpabilidad. Casi sonreí al pesar en las frases que más había escuchado a lo largo de los meses; Estarás bien o Sólo fue un accidente. Me molestaba ver la cara de lástima de la gente, o peor aún, la hipocresía que cernía sobre ellos, a nadie le importaba realmente. Con el paso de los días, sabía que a pesar del interés, sólo era un fachada para quedar bien, nadie sabia qué se sentía aquel sentimiento que se había incrustado en mí. Nadie sabía qué era pasar por una experiencia así, y en el camino, perder a la persona más importante en su vida.

—¡Hey, despierta! ¿Estás bien? —Taylor pasó una frente a mis ojos, esperando que saliera del trance al que me había inducido.

—Lo siento. Estoy bien. ¿Qué pasa? —No, no estaba bien y no simplemente no podía poner atención a nada. Los recuerdos me atormentaban como mil demonios sin descanso.

—Estabas como en otro planeta. ¿Has puesto atención a las palabras del profesor? —Podía ver la preocupación en sus ojos, sé que ella ya sabía la respuesta a eso.

—Yo... No, lo siento, estoy un poco ida. Creo que hoy no es mi día. —Me excusé, con la esperanza que dejara el tema, pero la conocía, sé que no sería así. Sinceramente, yo sólo quería volver a casa, sola en mi habitación y sumergirme en las palabras de todos los libros que pudiera encontrar, puesto que estar un rato en la fantasía, era un momento para no ahogarme en la realidad.

—____, eres mi amiga, y sabes que te deseo apoyar, y sobretodo ayudar, debes ser consciente de que no puedes seguir así. Simplemente no puedes seguir pretendiendo que crea que ya has superado todo, que seguiste adelante, cuando sabes que no es así. No puedo dejar que te dejes morir tú misma, por algo que se salía de tus manos. —Me sorprendió, realmente lo hizo. Quedé sin palabras, mi cerebro se negaba a responder a una verdad que me abofeteaba en la cara.

—Señoritas, ¿algo que deseen compartir con la clase? —Ojos curiosos mantenían sus vista sobre nosotras, yo me encogí en mi puesto, queriendo desaparecer.

—No, señor. Disculpe. —Taylor nos excuso y el profesor asintió, continuando con lo que sea que estaba diciendo. No pude hablar con ella el resto del día, estaba enojada conmigo y lo comprendía, era como si no lo aceptara, pero había caído a un pozo el cual parecía no tener salida.

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