Un malévola risa inundó mis oídos entre el golpear de las gotas con el piso. Me estremecí y me paré. Volteé para saber de quién era, a pesar de saber ya la respuesta. Daniel me miraba sonriente a algunos metros de mí. Me había separado de Joe, sabía que yo era tan débil como cuando murió Ian.
—Muy bien, muy bien—Rió un vez más. —Has cumplido con la mayor parte de tu trato—Dijo y se acercó un poco a mí. Yo casi me abracé a mí misma. Di un pequeño paso atrás. Me sentía como un pequeño cordero, solo, tratando de huir del zorro.
—Sí, y espero que tú cumplas con la tuya—Trataba de mantener la compostura. Debía ser fuerte. Una vez más, la vida jugaba conmigo, quitándome de nuevo lo que me hacía feliz, pero no podía dejar que me derrumbara. Aunque me preguntaba...¿ A caso ya no debía ser hora de morir y ya?
—Por supuesto, querida. Sólo lo último. Tu sangre—Noté el brillo de excitación en sus ojos. Me asusté. Estaba segura que había mucho más del "Tu sangre" Estaba preparada para que viniera, a decir verdad, ya no importaba mucho sin Joe.
Se acercó peligrosamente a mí. ¿Bebería de mí allí mismo? Fruncí el ceño. La lluvia se había empezado a detener, pero estábamos cubiertos por una capa de neblina, mi respiración era agitada y se podía notar fácilmente, por el vapor que salía de mi boca y nariz. Aquel mismo que años atrás, cuando era una niña pequeña, me hacía jugar.
—No pequeña, no beberé de ti aquí. No será sólo una pequeña mordida, necesito más que eso—Lo temía, pero como había dicho antes, estaba preparada porque me lo esperaba. Tal vez no tan específicamente. Él se acercó aún más a mí, yo seguí dando pequeños pasos hacía atrás. El miedo se estaba empezando a apoderar de mí. Era un sacrificio que tenía que hacer, como el que Ian hizo por mí. Pero aquel hecho no detenía los rápidos latidos de mi corazón. —No huyas de mí, pequeña—Dijo con voz ronca. Sus ojos estaban negros como la noche, las venas brotadas al rededor de ellos eran inimaginables, y los blancos y largos colmillos que ahora mostraba, me ponían nerviosa. Pero no era la primera vez que veía esa imagen, tiempo antes, Joe había reaccionado así en algún momento, sólo que él trataba de no hacerme daño y de que yo no lo notara, en aquel tiempo. no sabía sobre todo aquel mundo sobrenatural.
Por un momento creí que todo al rededor se convertía en tinieblas, y casi solté un gemido. Pero era sólo la paranoia del hecho que estaba viviendo. Tenía que permanecer, era el trato, ciertamente. Antes de que yo lo notara, había aprisionado mi cabeza con su mano, fuertemente, tenía su cara a escasos centímetros de la mía, no quería lo que pasaría a continuación, me besaría, pero no estaba dispuesta a permitirlo, eso no era parte del trato.
— Aléjate de mí—Exigí, casi con un hilo de voz. Con mis manos traté de empujar su pecho, pero era caso omiso, él era mucho más fuerte que yo. —Y deja llamarme pequeña. No tienes el derecho de hacerlo—Gruñí. Odiaba su demostración de "cariño"
Gruño y poseyó mis labios. Yo sollocé y trate de empujarlo. Tenía más miedo que nunca. Me estaba haciendo daño, era brusco y sentí como mis labios empezaban a sangrar. Con una mano tenía mi cabeza y con la otra, sostenía mi espalda, apretándome hacía él, me hacía más daño aún, estaba utilizando su fuerza sobrehumana, y casi sentí sangrar allí también. Golpeé su pecho con mis puños, pero no funcionada. ¿A caso no se suponía que ningún ser sobrenatural me podía hacer daño? Tal vez él era diferente, al ser el vampiro mayor. Más lágrima empezaron a caer por mis mejillas.
Cuando me soltó, caí de nuevo en el prado. Él sonrió con malicia. Lo odiaba, lo odiaba tanto. Llevé mi mano temblorosa a mis labios, sangre brotaba de ellos. Miré a mi al rededor y me rompí. Joe y Demi nos miraban, no podía descifrar cuál era su expresión. Me quedé helada, mi mirada se conectó con la de Joe, quería correr hacía él, que me protegiera, pero eso no pasaría.
—Que lindo. El ex-novio y la brujita, reunidos para ver por última vez a la chica—Dijo Daniel con más malicia que nunca. "Última vez" Odiaba escuchar eso, odiaba pensar en aquellas dos palabras.
—Déjala—Dijo Demi con furia. Casi quise gritarle que se fueran. Pero de mi garganta no salían más que silenciosos sollozos. Daniel rió, casi podía saborear lo que les diría. Les confesaría nuestro pacto y lo haría de la forma más hiriente posible para ello, para que sintieran culpa y dolor. Me tomó fuertemente de un brazo y me paró.
—Lo siento, chicos. Ella me dio su palabra y lo hecho, hecho está—Dijo con frescura. Casi victorioso.
—¿De qué hablas?—Preguntó Joe. Su voz era fría y llena de furia. Mi corazón dio un vuelco y quería romperme a llorar.
—Sencillo. Yo me alejaré de ustedes, estarán seguros de que nadie les hará daño, los dejaré en paz. Siempre y cuando, ____ haya cumplido su parte del trato. Y va bien. Los primero, terminar con Joe—Vi un destello de dolor en los ojos de Joe. Bajé la cabeza y algunas lágrimas resbalaron. Daniel la levantó bruscamente. —Y lo siguiente, es algo de su sangre. O tal vez... Mucha. El beso, sólo era un pequeño anexo de mi autoria, quería saborear su labios, pero su cooperación es nula, pero debo decir que ha sido de mi provecho.—Joe me miró afligido, con dolor. Demi permanecía estática, no sabía qué hacer o decir. Tal vez se sentía impotente, como yo. Nadie decía nada, era un escena extraña. Era un parque realmente solitario, no había ni una sola persona además de nosotros. —Saben... Ya que me encanta su drama, les dejaré unos minutos de despedida. Hagan con ellos lo que necesiten, después, no la verán más.—Se alejó de nosotros, pero estaba segura que nos vigilaba, y en alguna parte, más de sus secuaces lo hacían, escondidos.
Joe se movió rápidamente hacía mí. Me tomó en su brazos y me sostuvo, se aferró a mí y yo a él. La sensación era casi irreal.
—Perdóname Joe—Dije sollozando en su pecho.
—No hay nada que perdonar pequeña. No puedo dejar que hagas eso por nosotros. No puedo—Nos separamos un poco para vernos a la cara. Él tenía lágrimas en sus hermosos ojos avellana.
—Lo siento, Joe. No hay nada que hacer. Di mi palabra, y un trato es un trato. Te amaré por siempre, recuerdalo—Él me tomó delicadamente de la cara y unió nuestros labios. Necesitaba de él, más que del oxígeno. Deseaba que el beso fuera eterno, deseaba que se pudiera poner "Y vivieron felices para siempre" Pero jamás habría un final. Nos separamos, y con la mirada, dijimos todo. Abracé a Demi y le dije algunas palabras en el oído, pero creo que Joe escucho.
—Es hora—Reapareció Daniel. Mi corazón se rompió.
—Te recuperaré, lo juro. Esto no es un adiós, es un hasta pronto—Me dijo Joe, me dio un último beso. Quedo con algo de mi sangre en sus labios. Y lo último que vi fue como la lamía en su juramento.